La presión arterial es una medición de la fuerza ejercida contra las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre al cuerpo.

La hipertensión arterial es el término médico que se refiere a la presión alta y es uno de los mayores flagelos de las sociedades contemporáneas.

Si se deja sin tratamiento o no se le presta la debida atención, puede llevar a muchas afecciones graves, como enfermedades en el corazón (infartos, por ejemplo), accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, problemas en la vista y otros malestares en el organismo.

Para medir la presión arterial, el médico coloca un brazalete inflable que tiene un medidor de presión. Es importante que se mida en ambos brazos porque puede haber diferencias.

La medición se da en mercurio (mm Hg) y consta de dos números. El primero, o mayor, mide la presión de las arterias cuando late el corazón (se conoce como presión sistólica).

Por su parte, el segundo, o menor, mide la presión en las arterias entre los latidos del corazón (presión diastólica).

Ambos indicadores son importantes, pero, pasados los 50 años de edad, hay que prestar más atención a la medición sistólica.

Estas personas tienen más posibilidades de padecer lo que se conoce como presión sistólica aislada, que es un trastorno donde la diastólica es normal (está en unos 80 mm Hg), pero la mayor es muy alta (de 130 mm Hg o más).

Se considera que la presión es normal cuando el número está por debajo de los 120/80 mm Hg.

Según los resultados que arroje el brazalete, hay tres maneras de clasificar una hipertensión arterial:

  • Presión arterial elevada: la presión sistólica está entre los 120 y 129 mm Hg y la diastólica por debajo de los 80 mm Hg. Estos números tienden a empeorar si no se toman cartas en el asunto.
  • Hipertensión etapa 1: la mayor está entre los 130 y 139 mm Hg o la menor entre 80 y 80 mm Hg.
  • Hipertensión etapa 2: presión sistólica de 140 mm Hg, o mayor, y diastólica de 90 mm Hg o mayor. Esta es, por supuesto, la más grave.

Como en tantas otras enfermedades, a millones de personas el diagnóstico les llega tarde porque no prestaron atención a los primeros síntomas o porque estos, en muchas ocasiones, pasan inadvertidos.

Síntomas de hipertensión arterial

Cuanta más sangre bombee el corazón y más estrechas estén tus arterias, mayor será la presión arterial. Ahora bien ¿cómo se puede detectar la hipertensión a tiempo?

Lo primero que tienes que saber es que se puede tener presión alta durante muchos años sin tener ningún síntoma.

De todas maneras, aunque no se manifieste, es posible detectar el daño en los vasos sanguíneos y en el corazón con chequeos médicos regulares (especialmente si has tenido familiares con presión arterial alta).

Los síntomas son variados y es por eso por lo que es complejo detectar la hipertensión a tiempo. Algunos tienen dolores de cabeza regulares, dificultades para respirar e incluso puede sangrar la nariz.

Por esta razón, la mejor manera de detectar la hipertensión arterial a tiempo es mediante una consulta médica.

En este sentido, pídele al profesional que te mida la presión arterial, por lo menos cada dos años a partir de los 18 años. Para los mayores de 40, es recomendable que el chequeo sea anual.

Es importante que el médico te tome la presión con un brazalete que se ajuste a las medidas de tus brazos.

Si te han diagnosticado presión alta, o si tienes otros factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, es muy probable que el profesional te sugiera que hagas un control estricto durante 24 horas para dar un pronóstico final.

Se conoce como prueba de vigilancia y mide la presión arterial en intervalos regulares. De esta manera, vas a tener un panorama más preciso.

También puede pasar que el médico observe tu historial clínico y ordene un examen físico para despejar dudas.

Si los números siguen siendo altos, entonces el profesional te va a recomendar hacer un exhaustivo chequeo médico, que incluye análisis de orina, de colesterol y un electrocardiograma.

Causas de la hipertensión arterial

Se estima que en el 95% de los casos se desconoce la verdadera causa de la hipertensión arterial, pero existen diversos factores relacionados con la enfermedad.

El riesgo de sufrir de presión alta es mayor en aquellas personas que:

  • Tienen más de 60 años, debido a que los vasos sanguíneos se han debilitado y van perdiendo elasticidad.
  • Tienen antecedentes familiares de hipertensión.
  • Se enfrentan a niveles altos de estrés.
  • Son fumadoras.
  • Sufren de sobrepeso u obesidad.
  • Usan anticonceptivos orales. Está comprobado que las mujeres que fuman y usan este método de protección sexual tienen más riesgo de sufrir de presión alta.
  • Diabéticas.
  • Llevan una alimentación alta en grasas saturadas y sodio (sal).

Si no se trata a tiempo, la hipertensión arterial puede repercutir severamente sobre nuestra salud.

Hay cuatro consecuencias para el organismo que derivan de la presión alta. Por supuesto, no todos los que tienen esta afección, van a sufrir las cuatro.

En primer lugar, la pérdida de elasticidad de las arterias, debido al aumento del grosor de las células musculares que tapizan las paredes de las arterias.

De esta manera, las arterias se hacen más estrechas y la persona tienen altas dificultades para respirar.

Por otra parte, la hipertensión obliga al corazón a trabajar con mayor intensidad y a dilatarse. Esto se conoce como hipertrofia.

En fases avanzadas, este fallo del órgano puede traducirse en infartos y otros problemas cardiovasculares graves.

La hipertensión prolongada puede dañar también los riñones, en los casos en los que las arterias que los riegan están afectadas.

Por último, la presión alta puede ocasionar derrames oculares, ya que se generan rupturas en los pequeños capilares de la retina del ojo.

¿Qué hacer en caso de una crisis de hipertensión arterial?

Muchas veces, tenemos un problema de salud y no tenemos la posibilidad de ir rápidamente a un hospital y debemos saber cómo paliar la situación nosotros mismos.

Esto es más factible cuando una persona tiene hipertensión arterial, ya que muchos síntomas son silenciosos.

Además, en ocasiones, la presión sube repentinamente y es necesario reaccionar lo más rápido posible.

Por supuesto, lo ideal es estar de inmediato en un centro médico, pero esto muchas veces no es posible.

Algunas manifestaciones que dan cuenta que estamos frente a una crisis de hipertensión arterial son: dolor de cabeza (especialmente en la nuca), somnolencia, dificultad para respirar y visión doble.

Si tienes medicación recetada por el médico, lo mejor es tomarla y reposar, intentando relajarse por completo.

Para aquellos que tienen presión alta asintomática, sin síntomas presentes aún, una buena opción es tomar un vaso de jugo de naranja natural e intentar descansar.

En cualquier caso, si al cabo de una hora la presión sigue alta, es imprescindible dirigirse rápidamente a un centro médico.

Caso contrario, si la presión cedió, es importante que, al día siguiente, hagas una consulta médica para despejar dudas.